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TACTICAS PARA DESVIAR FONDOS EN LA SEGURIDAD SOCIAL[1]. Artículo de 1996, pero qué pasó después?

                                                                           Mario Borini, enero de 1996

La corrupción es un escenario difuso en el país, sin respeto por los antiguos límites. Pese a la abundancia de instituciones diezmadas por esta endemia, la Seguridad Social (SS) es un lugar de observación privilegiado si se tiene en cuenta que su objetivo declarado es la protección de la sociedad, y especialmente de sus hijos más golpeados. Pero que se ha caracterizado por suministrar fondos sociales para intereses y lobbys de los más distintos pelajes.

Una maniobra duradera de esta magnitud es impensable sin un "guiño" (acuerdo), no solamente de más arriba, sino de afuera, como corresponde en un mercado globalizado. Hasta que recientemente Clinton emplazó al Presidente argentino para que propusiera al parlamento una ley anticorrupción, porque el déficit fiscal amenaza el pago de los intereses de la supuesta deuda externa de Argentina.

No obstante, aún reconociendo la importancia central de los planteos globales para entender las grandes estrategias que sostienen este estado de cosas (statu quo), no vale la pena omitir las tácticas en esta periferia del mundo al servicio de esas estrategias. Tácticas que ponen en juego las conducciones de las instituciones dirigidas por control "remoto". Y cuyo objetivo es cumplir los deberes de desviar buena parte de los fondos recaudados, que algunos estiman en un 30% del total, incluyendo el beneficio que hay que dejarle al "partenaire en el affaire". Los que saben dicen que los fondos desviados se reparten por partes casi iguales entre el financiador y el financiado.

A continuación van algunas tácticas típicas para desviar dineros en las Obras Sociales (OS) en la última época de las vacas gordas, cuando las OS aumentaron su recaudación por blanqueo del trabajo en negro, entre 1992 y 95:

  1. Sobre-estimar la demanda para aumentar el precio cuando el convenio es capitado cápita
  2. Licitar por calidad, sin permitir compulsas de precios, dando un cariz aparente de exigencia técnica; el precio licitario se fija en el llamado a la licitación, y supera al costo técnicamente calculado
  3. Cambiar el "mix" (mezcla, composición) de las prácticas incluidas en los nuevos contratos, de manera que el sobre-precio fijado quede disimulado
  4. Anticipar cápitas sin que sea financieramente necesario, ni legalmente exigible, ni técnicamente beneficioso, ni económicamente recuperable
  5. Aumentar la cápita caprichosamente, sin fundamentarla en costos
  6.  Asignar "compensaciones", bonificaciones, categorizaciones, etc., a los efectores conniventes con la entidad financiadora argumentado mejoras de servicios sobre la base de auditorías o de evaluaciones estadísticas que muestren diferencias, a veces  reales y otras veces irrelevantes, a favor del que se quiere bonificar por arriba del justo precio y del contrato vigente
  7. Dar carácter retroactivo a tales compensaciones, por 1 ó 2 años y por cifras millonarias
  8. Aumentar el cupo de los contratados sin respaldo en la cantidad real de afiliados
  9. Incluir ciertas especificaciones de los servicios, innecesarias y sesgadas, para aparentar licitaciones públicas que en realidad son directas
  10. Recurrir a contrataciones directas con la excusa de una urgencia inexistente
  11. Renovar contratos de servicios anteriormente excluidos o amenazados de estarlo, una vez domados para aumentar el precio del arreglo
  12. Reconocer aranceles por encima del precio de mercado cuando el pago es por práctica

Muchas de estas chicanas eran ejercidas de antaño en la propia SS, pero los tiempos modernos se caracterizaron por la simultaneidad de todas ellas, cuyos mayores "retornos" reportarían a altas autoridades institucionales y gubernamentales. Algunos dicen que el achicamiento del Estado se siguió de una voracidad más ostensible sobre cada institución estatal o paraestatal remanente durante el menemismo, sin una mayor apropiación total que cuando el Estado era más grande durante el alfonsinismo.

Estas formas amañadas de conducir Obras Sociales concentran un suculento rédito, gracias a que el gasto en salud incluye un apreciable excedente, que se comparte con el queda en manos de la industria farmacéutica, los establecimientos de internación privados, y los centros especializados de alta tecnología.

Como con la industria farmacéutica es más difícil confrontar, y los centros de alta complejidad mueven una parte no tan grande de los fondos, el pago de la intermediación se deduce de los ingresos a los establecimientos. Esto concentra el negocio, facilita la recaudación del retorno y acelera la proletarización de los trabajadores de esos establecimientos.

Para favorecer este proceso de "ajuste", se requiere que las mismas conducciones de esos establecimientos o algunos de sus personeros se conviertan en entregadores a cambio de las consabidas monedas o la jugosa  participación en el lobby intermediario.

Todas estas tácticas contribuyen al negocio, pero de diferente manera. Aunque al final todas sirven para recaudar "retornos" (vuelto que logra el financiador a través de pagar un precio por encima del justo) o coimas (precio para entrar, permanecer o mejorar en el contrato), que son todas formas ilegales y ocultas de contrariar antidemocráticamente el destino declarado de los fondos sociales.

Para que esta corrupción sea posible, sus responsables actúan sobre los servicios no tramposos y sobre el personal que no transe, como se detalla:

Contra los servicios reacios, se usan estas tácticas:

  1. No recibir reclamos de los servicios sin intermediación
  2. Rebotar hacia los intermediarios a los servicios que reclaman contra ellos, sin asentar el reclamo, con la excusa de la intermediación que reconoce el convenio
  3. No renovar o rescindir los contratos de los servicios no tramposos, o reducir sus cupos o su categorización. Las auditorías que evalúan desfavorablemente, aún por minucias (prevaricato), sirven para esto

La liquidación de los que resisten procedimientos mafiosos cumple el doble objetivo de liberar fondos para el circuito de la corrupción, y de escarmentar públicamente el comportamiento no mafioso.

En cambio, se usan otras tácticas para controlar al personal que no transe:

  1. Desplazarlo o reemplazarlo; se han observado reemplazos masivos e inmediatos, como “por asalto”
  2. Acosarlo con amenazas que pongan en peligro su estabilidad o su ingreso laboral, a fin de obtener su adhesión, su silenciamiento, distracción o desgaste para impedirle toda reacción; esta situación no requiere siempre que las intimidaciones sean personales y directas: suele dar buen resultado la simple creación de un ambiente amenazante
  3. Comprarlo, permitiéndole contaminarse con algún retorno de pequeña monta, a cambio de que haga la vista gorda con el negocio grande

Muchas de estas tácticas están cayendo en desuso, porque estamos entrando en la época de las vacas flacas. Lo que demanda otra composición de tácticas para adecuarlas a la apropiación de fondos con un Estado chico, porque el negocio con la enfermedad debe continuar. Esa composición, con algunas tácticas por demás novedosas, se explorarán en un número próximo de El Médico del Conurbano.

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En 2015 pasaron 20 años de este artículo. Como si fuera cierto que 20 años no es nada. Creemos que la mejor exploración desmanteladora de estas prácticas antisociales sigue siendo la de todos y cada uno en el propio trabajo


[1] Publicado en el Periódico mensual El Médico del Conurbano, Órgano de difusión de los Médicos del Conurbano Bonaerense, Pcia. de Buenos Aires, año VII, nº 72, junio del 96, p 6

 

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